En Calabozo existe un lugar que se precia de ser de los más conocidos por los vecinos hasta el punto de que hasta sirve como punto de referencia, por ejemplo para los calaboceños que retornan a su pueblo en las busetas que viajan para y desde las ciudades del norte del país: “Señor, por favor, me deja en el ‘Paseo María Guédez”. En esa “plaza” o “paseo”, como su nombre lo indica, se le rinde homenaje a la señora conocida por todos como María Guédez. Se trata de una de las personas más conocidas y apreciadas en la ciudad de finales del siglo pasado. En su restaurant “El Criollito”, ubicado en la carrera ocho con calle doce, recibía a todos con su simpatía y generosidad sin paralelo. Todo comensal que se sentó en su recinto supo de su don de gente, de su vocación de servicio y de su simpatía a toda prueba.
De San Juan de Payara a la Represa del Guárico
El caso es que la señora María Guédez hubiese cumplido cien años el pasado sábado 12 de septiembre, por lo que es importante referir parte de lo que fue su dedicada vida. Nació en San Juan de Payara en 1926 con el nombre de María López, pero muy jovencita contrajo matrimonio con el señor Tomás Guédez, del cual adoptó el apellido con el que se le conoció desde entonces. Recién casados se marcharon a probar suerte para el oriente petrolero. Pero cuando comenzó la construcción de la represa del Guárico, se vinieron para Calabozo, en donde echaron raíces y procrearon una numerosa familia.
Aquí se dedicó a vender comida para los obreros que laboraban en la magna obra hidráulica. Después, aproximadamente en 1965, su hija Lucila montó el Restaurant “La Carreta”, ubicado en toda la orilla de la carretera nacional, lo que la motivó para que ella también se decidiera a abrir su propio negocio de comida, que fue originalmente una venta de parrilla. Aunque pronto lo convirtió en “El Criollito” que la gente comenzó a conocer, y a reconocer. Después de su fallecimiento la tradición la continuó su hija nombrada, y después la nieta, Sonia Prieto Guédez, quien hoy nos recibe con la cordialidad y buen servicio heredados de la fundadora.
«El Criollito»: Casa de todos y punto de encuentro
Su restaurant se convirtió en uno de los más concurridos puntos de encuentro de los calaboceños, quienes acudíamos a disfrutar de los ricos platos que se servían, pero también del incomparable trato que Doña María daba a todos sus clientes. Permanentemente andaba por las mesas, pendiente de lo que le faltaba a los comensales, y de que siempre estuvieran satisfechos con el servicio. La mayor parte de las veces encontrar un puesto libre a la hora de mayor asistencia era una misión imposible, debido a la numerosa clientela que se daba cita a diario.
Otra característica del restaurant de la señora María Guédez fue la clientela conformada por conocidos personajes de la vida nacional que al visitar nuestra ciudad, casi invariablemente pasaban a saborear las exquisiteces que se servían en “El Criollito”. Ella siempre enseñaba con orgullo un afiche hecho a mano por nuestro gran cantante y compositor Simón Díaz, que había guindado en una de las paredes. Se lo había dibujado el propio artista durante una de sus numerosas visitas al establecimiento. Y así como el tío Simón, muchas personalidades de la farándula, de la política y del deporte supieron de las bondades de la comida y del buen trato de Doña María. La lista sería muy larga para citarla aquí. Ejemplos notables: David Concepción, Luis Herrera Campíns, Reynaldo Armas. Y un larguísimo etcétera.
Un monumento al oficio popular
En los años noventa el Alcalde en funciones entonces, Pilar Barbella Ramos tuvo la iniciativa de dedicar un espacioso paraje a la construcción de un paseo en homenaje a este querido personaje popular de Calabozo. La obra fue terminada, con la misma dedicación, por su sucesor y contendor político, Octavio Viana Troconis. Se trata de la única plaza erigida en Calabozo a la memoria de una persona que se hizo famosa mediante su modesto oficio de cocinera. Pero la iniciativa ha gozado del reconocimiento de quienes la conocieron. Por ello es importante que las nuevas generaciones sepan de Doña María Guédez.

