La guerra de las guaruras

Hacia mediados de 1818, el escenario bélico en las tierras bajas entre el río Apure y el sur del actual estado Guárico era un territorio de sombra y constante asechanza. Tras las rigurosas campañas de los meses previos, las columnas republicanas sufrían la escasez crónica de pertrechos, plomo y pólvora. En las inmediaciones de las sabanas de Cazorla y las empalizadas cercanas al Paso de Guayabal, las partidas de guerrilla patriota operaban en condiciones de extrema indigencia material, compensadas únicamente por un conocimiento milimétrico de la topografía y la dinámica natural del paisaje llanero.

Por: José Francisco Jabano •

«En el Llano, la guerra no solo se pelea con el acero de la lanza; se pelea con el eco de la sabana, la polvareda del viento y la astucia del que conoce cada estero.»

— Tradición oral del bajo Llano.

El coronel Miguel Guerrero encabezaba un contingente maltrecho pero aguerrido que custodiaba las penetraciones realistas hacia el curso del río Orituco. Su tropa apertrechada apenas sumaba una veintena de fusiles en condiciones de fuego, acompañados por lanzas improvisadas cuyas puntas habían sido forjadas con hojas de tijera de esquilar viejas, clavos de herrería y cabezas de machetes desgastados. Enfrente, una avanzada de caballería realista fuertemente pertrechada avanzaba desde el norte con el objetivo de asegurar los pasos fluviales e interrumpir las comunicaciones patriotas entre las comarcas del Guárico y el Apure.

La estratagema del viento y la polvareda

Consciente de la imposibilidad de sostener un choque de frente contra una fuerza regular bien provista de municiones, el mando republicano concibió una estratagema fundada en el engaño táctico y el camuflaje sonoro. Aprovechando una franja de sabana de banco alto flanqueada por profundos madrejones e insondables esteros, se dispuso el uso de la propia vegetación como elemento de distorsión visual.

Varios escuadrones de jinetes llaneros amarraron gruesas ramas secas de cují, guamacho y matapalo a las colas de sus caballos cerreros. Al avistar la vanguardia realista en la línea del horizonte, los vaqueros patriotas emprendieron una vertiginosa carrera cruzada a lo largo del banco de sabana. El roce de la arboleda seca contra el suelo áspero levantó una densa y gigantesca cortina de polvo que se elevó sobre la llanura, proyectando ante los catalejos enemigos la ilusión de una división de caballería de proporciones desmedidas.

El estruendo del Orituco

Simultáneamente, apostados estratégicamente en las densas vegetaciones ribereñas del río, un grupo de hombres equipado únicamente con charrascas de hueso y guaruras —los marinos caracoles de río utilizados ancestralmente en las vaquerías para convocar al ganado— inició el ataque sonoro. Al resonar las guaruras en estampida, imitaron con precisión magistral los toques de corneta y clarín con los que la caballería republicana solía ordenar el despliegue para la carga a fondo.

Para consumar la ilusión, los pocos fusileros republicanos dispararon sus escasas cargas directamente hacia las copas de los árboles y la superficie del agua, logrando que la resonancia del terreno multiplicara exponencialmente las detonaciones. Sorprendida, desorientada y convencida de estar cercada por los escuadrones principales del general José Antonio Páez, la columna realista rompió filas en absoluto desorden. Desbandada hacia la banda norte del río, la fuerza enemiga abandonó a la orilla del camino valiosas cargas de arriería cargadas de víveres, ropa y cajas de plomo.

Aquel hecho de armas, bautizado en la memoria oral de los caseríos ribereños como La guerra de las guaruras, no figuró en los solemnes partes oficiales dirigidos al Supremo Gobierno en Angostura. Sin embargo, constituyó un testimonio ejemplar de cómo la astucia, el dominio del territorio y el ingenio llanero lograron preservar los pasos estratégicos del Apure y el Guárico durante los momentos más áridos de la contienda emancipadora.

Fuentes y Referencias Bibliográficas

  • Botello, Oldman (1995). Historia del Estado Guárico. San Juan de los Morros: Editorial de la Secretaría de Educación y Cultura del Estado Guárico.
  • Jabano, José Francisco (2026). El Paso de Guayabal: Encrucijada Fluvial y Refugio del Huracán Realista en la Independencia de Venezuela. Monografía inédita sobre la historiografía regional del Guárico y Apure.
  • Lovera De-Sola, R. J. (1997). La guerra popular en los Llanos de Venezuela (1810-1821). Caracas: Academia Nacional de la Historia.
  • Páez, José Antonio (1888). Autobiografía del General José Antonio Páez. Nueva York: Imprenta de N. Ponce de León.
  • Tallenay, Jenny de (1954). Recuerdos de Venezuela: Apuntes de viaje. Caracas: Ediciones del Ministerio de Educación.

Sobre el autor

José Francisco Jabano es abogado e historiador venezolano. Se destaca por su activismo cultural y sus investigaciones locales sobre el municipio San Jerónimo de Guayabal.