Don Roberto: Entre el afecto y la crítica

Robert Bontine Cunninghame Graham
Robert Bontine Cunninghame Graham (1852–1936), conocido afectuosamente en Venezuela como «don Roberto». / Archivo Histórico

Descendiente de una estirpe comprometida con el Imperio británico, su vida parece una negación radical de aquel legado. Si su bisabuelo sofocó rebeliones de esclavos en el Caribe, Robert se consagró al ideario anticolonialista. Si su abuelo fue político ilustrado y ludópata trágico, él fue un romántico que abjuró de los lujos y ambicionó justicia social. Si su padre padeció la oscuridad de la locura, Robert canalizó su herencia en la lucidez de la palabra.

Quizás en la historia de los hispanistas británicos, pocos nombres despiertan tanta curiosidad como el de don Roberto.

Su vínculo con Venezuela no fue fruto del exotismo intelectual ni del azar viajero, sino un lazo afectivo tejido por la sangre y la memoria. Su madre, Anne-Elizabeth Elphinstone-Fleming, nacida en La Guaira y criada entre voces castellanas, dejó en él una marca indeleble que se tradujo en devoción por las tierras llaneras y sus héroes olvidados.

“Tengo un vínculo extraño con Venezuela. Mi madre nació en La Guaira, mis abuelos eran íntimos amigos de Páez. Acabo de escribir la vida de aquel Centauro”, confesó a José Rafael Pocaterra en un intercambio epistolar.

Graham no fue un mero observador. Su obra sobre José Antonio Páez —publicada en 1929 por William Heinemann Ltd., en Londres, dedicada a Juan Eaton Kent, representante de la Compañía Inglesa en San Fernando de Apure, y compartida epistolarmente con Pocaterra— confirma su intención de contribuir a la reparación epistémica de una memoria ignorada por los anglosajones. “Mi objeto era perpetuar la memoria de un héroe de la guerra de Independencia, que por aquí está completamente olvidado”, escribió desde Londres con tono de indignación. Graham entendía que el desconocimiento de Hispanoamérica en Inglaterra y Estados Unidos no era sólo una carencia educativa: era una forma de colonialismo cultural.

Pocaterra aún no había leído la obra, pero sí un artículo sobre los llanos de Apure, publicado por Graham, en el diario caraqueño El Tiempo, en la edición del 23 de marzo de 1927:

“Su artículo sobre ‘Los Llanos del Apure’ captó y mantuvo mi atención con el potente encanto de una canción infantil escuchada en un entorno extraño. Familiarizado con las escenas que describe con tanta viveza, no puedo sino expresarle mi humilde admiración por su maravillosa capacidad de descripción y observación, una capacidad que pocos viajeros de estas regiones, con la notable excepción de Alejandro de Humboldt, han poseído”, le escribe Pocaterra.

En abril de 1926, durante su segundo viaje a San Fernando de Apure, con más de setenta años encima, Graham revela el carácter de quien no se conforma con conocer desde lejos. Su crítica a la política venezolana —especialmente a la concentración del poder— no se presenta como imposición extranjera, sino como reflexión de alguien que también cuestionó el autoritarismo de Porfirio Díaz en México. Supo reconocer en los llanos, los frigoríficos cerrados y las rutas clausuradas, los síntomas de una nación desgarrada entre su potencial económico y su fragilidad institucional.

Más allá del dato biográfico o anecdótico, Cunninghame Graham representa una memoria escocesa-venezolana que desafía las fronteras tradicionales del americanismo. Su estilo literario, teñido de sensibilidad ibérica y pasión por lo criollo, merece figurar entre las lecturas obligadas para quienes deseen repensar los vínculos transatlánticos desde una perspectiva más íntima, menos imperial. No fue académico de cátedra, pero sí humanista de campo: cabalgó, escribió, polemizó y amó a Venezuela desde las entrañas.

El conocimiento y la divulgación de su obra se la debemos, en buena parte, a José Nucete Sardi, distinguido traductor y ensayista venezolano, quien se dedicó a rescatar y traducir sus textos al español, acercando su pensamiento al público venezolano e hispanoamericano. Y no en balde el intercambio epistolar con Pocaterra —tan vivo, tan lúcido— podría integrar un dossier donde se recupere el valor de sus cartas como fuente historiográficas. La Venezuela que Graham imaginó, entre crítica política y recuerdos familiares, es también la que merece ser contada.

Murió en Argentina en 1936, víctima de una neumonía, mientras visitaba la tierra natal de su amigo y compatriota William Henry Hudson. Su partida, como su vida, fue un gesto de afecto transcontinental.

Bibliografía consultada

  • Cunninghame Graham, R.B (1928). Life of General Páez. Londres.
  • Banco Industrial de Venezuela (1972). Cartas a José Rafael Pocaterra. Cartas literarias 1899-1955. Caracas.
  • Walker, John (ed.). South American Sketches. Ontario, s.f.
  • Walker, John (1984) "Cunninghame Graham and the Critics: A Reappraisal," Studies in Scottish Literature: Vol. 19: Iss. 1. Disponible en: scholarcommons.sc.edu/ssl/vol19/iss1/9
  • Rodríguez, Adolfo. Comunicación personal, 2025.